Tema 1: Introducción

Los datos más recientes facilitados por el Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE) en 2021 indican que la paridad de género no se logra en la representación de las mujeres en estudios superiores de CTIM en toda Europa, especialmente en España en los niveles CINE 5-8. Los datos también subrayan la notable segregación horizontal dentro de la educación superior STEM. Específicamente, en España en 2019, las cifras revelaron que los estudiantes masculinos representaban el 4,6 % de la población estudiantil universitaria en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), mientras que las mujeres representaban solo el 0,7 %. Del mismo modo, en el campo del desarrollo y análisis de software y aplicaciones, los hombres constituían el 1,8 %, mientras que las mujeres representaban solo el 0,3 %.

En el ámbito de la electrónica y la automatización, los hombres constituían el 2,8 %, mientras que las mujeres representaban el 0,4 %. Esta tendencia se refleja en otros países europeos. En Alemania, por ejemplo, la representación de los hombres en las TIC se situó en el 5,5 %, mientras que las mujeres solo representaron el 1,5 %. Un patrón similar surge en el desarrollo y análisis de software y aplicaciones. En Estonia, el 5,6 % eran hombres, frente al 2,2 % para las mujeres. En Grecia, los estudiantes masculinos representaban el 5,9 % en electrónica y automatización, y las mujeres representaban solo el 1,3 %.

La brecha de género también es evidente en las matemáticas. En Irlanda, por ejemplo, los estudiantes masculinos representaban el 0,4 %, mientras que las mujeres representaban solo el 0,1 % de los estudiantes de matemáticas. Este desequilibrio de género observado en los ámbitos de las CTIM en toda Europa también es evidente en los ámbitos de la educación y la salud, según informó el Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE) en 2021. Sin embargo, cabe destacar que al considerar al alumnado en su conjunto, sin centrarse en campos específicos, se logra la paridad de género. En España, por ejemplo, la distribución global de estudiantes universitarios en 2019 mostró que el 53,7 % eran mujeres y el 46,3 % eran hombres. Por lo tanto, la cuestión no se debe a un número desproporcionado de hombres que estudian a nivel universitario. Además, las universidades españolas demuestran un acceso neutral desde el punto de vista de género a sus programas de grado, lo que indica que la discriminación por razón de género no es un factor.

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